Es una Técnica Didáctica Activa que presenta a los aprendices un episodio o situación concreta dando amplia información sobre las circunstancias que lo envuelven con el fin de analizarlo, resolverlo, elaborar conclusiones y proponer posibles vías de actuación para su resolución.
La expansión progresiva de esta técnica surgida en Estados Unidos durante la segunda década del siglo XX en la formación de universitarios en estudios empresariales y jurídicos ha dado lugar a una diversificación de enfoques u orientaciones sobre el tipo de casos que se pueden aplicar en la formación. Siguiendo la clasificación que hace el ITESM, podemos hablar de tres modelos:
“Aplicación y análisis de casos conocidos y reales, que ya han sido planteados y solucionados en otros momentos. Busca que se conozca el proceso y método seguido apoyándose en experiencias ya realizadas.
Casos dirigidos a aplicar principios y normas establecidos, cuya finalidad es el entrenamiento en la aplicación de principios y normas en cada situación. Es apropiado para el campo del Derecho.
Casos dirigidos al entrenamiento en la búsqueda de soluciones a situaciones concretas que exigen un análisis específico y detallado que no acaba forzosamente en una solución, sino en distintas y variadas salidas”.
En este último modelo se sitúan distintos tipos de casos: los centrados en descripciones, los de resolución de problemas (centrados en analizar el porqué de decisiones ya tomadas o centrados en generar propuestas de decisión y solución) y los casos de simulación, éstos últimos orientados hacia la dramatización.
Es conveniente que el Estudio de Casos se plantee a través de materiales y problemáticas del mundo real, si bien también se pueden plantear casos a través de materiales y situaciones creadas ex profeso. Esta técnica, permite, esencialmente, el desarrollo de habilidades cognitivas y de actitudes y valores, a la par que favorece la transferencia de los aprendizajes realizados en el proceso formativo a escenarios y situaciones de la vida real.
Como señala Aznar (1995), su aplicación en el aula, requiere una importante y precisa planificación y preparación por parte del profesor. Este trabajo comienza con la identificación de Casos susceptibles de ser llevados al aula, y que tengan potencial para el desarrollo de los diferentes objetivos/resultados que se han identificado para cada proceso formativo. La calidad didáctica de los casos depende en gran medida de su formulación escrita, de modo que al seleccionarlos o al redactarlos (si son los propios instructores quienes los elaboran) es importante tomar en consideración las siguientes características:
Los casos deben ser verosímiles, seductores y lo suficientemente provocadores para captar la atención y el interés de los aprendices en su resolución. En este sentido los buenos casos son aquellos que fascinan a los aprendices logrando que se impliquen activa y positivamente.
Deben ser claros y precisos, proporcionando toda la información necesaria para su comprensión.
A la vez deben evitar un exceso de información que pueda anticipar posibles soluciones a la situación planteada.
Se rechazarán aquellos casos que omitan datos importantes de modo que impiden configurar una visión completa del episodio y aquellos que permiten una interpretación subjetiva de la situación descrita.
Se priorizarán aquellos casos que incluyan preguntas críticas que estén formuladas con precisión y que orienten a una solución analítica centrada en el contenido del caso o a una solución reflexiva que traspase los límites de la situación expuesta.
Siguiendo a diversos autores (Aguirre, Aznar, ITESM…) podemos señalar las siguientes fases como parte de la secuencia didáctica de referencia a la hora de desarrollar en el aula el Estudio de un Caso:
ESTUDIO DE CASOS
Descripción
Es una Técnica Didáctica Activa que presenta a los aprendices un episodio o situación concreta dando amplia información sobre las circunstancias que lo envuelven con el fin de analizarlo, resolverlo, elaborar conclusiones y proponer posibles vías de actuación para su resolución.
La expansión progresiva de esta técnica surgida en Estados Unidos durante la segunda década del siglo XX en la formación de universitarios en estudios empresariales y jurídicos ha dado lugar a una diversificación de enfoques u orientaciones sobre el tipo de casos que se pueden aplicar en la formación. Siguiendo la clasificación que hace el ITESM, podemos hablar de tres modelos:
En este último modelo se sitúan distintos tipos de casos: los centrados en descripciones, los de resolución de problemas (centrados en analizar el porqué de decisiones ya tomadas o centrados en generar propuestas de decisión y solución) y los casos de simulación, éstos últimos orientados hacia la dramatización.
Es conveniente que el Estudio de Casos se plantee a través de materiales y problemáticas del mundo real, si bien también se pueden plantear casos a través de materiales y situaciones creadas ex profeso. Esta técnica, permite, esencialmente, el desarrollo de habilidades cognitivas y de actitudes y valores, a la par que favorece la transferencia de los aprendizajes realizados en el proceso formativo a escenarios y situaciones de la vida real.
Como señala Aznar (1995), su aplicación en el aula, requiere una importante y precisa planificación y preparación por parte del profesor. Este trabajo comienza con la identificación de Casos susceptibles de ser llevados al aula, y que tengan potencial para el desarrollo de los diferentes objetivos/resultados que se han identificado para cada proceso formativo. La calidad didáctica de los casos depende en gran medida de su formulación escrita, de modo que al seleccionarlos o al redactarlos (si son los propios instructores quienes los elaboran) es importante tomar en consideración las siguientes características:
Siguiendo a diversos autores (Aguirre, Aznar, ITESM…) podemos señalar las siguientes fases como parte de la secuencia didáctica de referencia a la hora de desarrollar en el aula el Estudio de un Caso: